Primera Quincena de Marzo de 2004











































Sólo buscaba...amar
Cristina Ramírez

El final de unas teclas que no empezaron jamás,
fijó la mirada en los besos de otros,
porque no se atrevía a jugar...

Sólo de estas andanzas conoce el miedo,
caminando una vida dando vueltas,
ofreciendo calor al buen postor...

Se pregunta si nació para participar en todo esto,
sólo pedía amor como moneda de cambio,
pero no se atrevía a seguir la apuesta...

Buscando la característica especial que lo separe del resto. Algo original.

Pedía amor a cambio.
Sólo quería ser amado.
Pedía solamente amor.

Se separan sus miradas en la profundidad de un encuentro. Quizás especial.

No era algo que estropeara el tiempo,
ni siquiera un rasgo particular,
sólo la fusión exacta...

Sus ojos soñaban en los ojos de otros deseando encontrarlo. A pesar de la realidad.
A pesar de sus miedos. Siempre corriendo, en cualquier dirección opuesta al destino.
Pero sólo buscaba esperanza en algún otro. Sólo buscaba amor.

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Higiene mental.
Giovanni Collazos

Debo dejar de ver televisión
señores,
debo dejar de ser
el ser inmóvil e insulso
que me convierte
esa caja tonta.
debo olvidarme de la tristeza,
hacer un rincón
y dejarla que se pierda.

Debo sanear mi razón
que me es extraña,
olvidar el rencor
y mi melancólica mirada.
Me debo una higiene mental,
me urge.
Le debo más cariño
a este ser lacónico
y a veces locuaz,
insurgente.

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Gracias por tu visita
Pilu

Se sentía vieja y aburrida, tan aburrida como para pasar las tardes enteras leyendo números atrasados del "National Geographic". Los paisajes remotos y las gentes que los pueblan la hacían imaginarse a ella misma en aquellos lugares y eso le resultaba divertido.

Nunca le había gustado viajar. Amaba su ciudad y había aprendido a disfrutarla. Apenas salía de ella salvo para la rigurosa estancia en la playa durante el verano.

Pero aquellos días ya no recordaba cómo era el mar de Cádiz en los calurosos días de julio y empezaba a estar harta, aburrida, indiferente.

Un día cualquiera de aquel hastío otoñal encontró en una de las revistas una casa rural que ofertaba la visita a un jardín de líquenes. Le llamó la atención. Hizo una reserva y se tomó unos días de vacaciones.

Después de la cena se sentó junto a la chimenea con una taza de infusión humeante entre las manos. Miraba el fuego fijamente. Hipnotizada por el calor y el color de las llamas, se le soltaron las lágrimas que dejó resbalar libremente por el contorno de su cara. Una mujer se sentó a su lado. También traía entre sus manos una taza de líquido humeante que bebía a pequeños sorbos.
- Qué día he tenido hoy- se quejó la mujer.
- Pues yo hacía mucho que... - empezó a contestar
- Qué suerte- le cortó la mujer, se levantó y se fue.

Enseguida se acercó una de las camareras:
- ¿Te ha molestado?
- No.
- No le hagas mucho caso
- Ah, vaya
- Si quieres nos vemos en media hora, cuando termine de recoger el comedor
- Vale

Esperó junto al fuego, tal vez olvidando las lágrimas, tal vez olvidándose de todo un poco.
- Me llamo Juana- dijo la camarera. Trabajo aquí desde hace 3 años. Me gusta este lugar.
- Yo, Laura.
- ¿Te gusta este sitio?
- Sí
- ¿Volverás?
- Es posible
- Ven, quiero enseñarte algo.

Juana la llevó al jardín para enseñarle los líquenes que bajo la luz de la luna llena tenían un aspecto marciano, sus puntas blancas brillaban, algunos parecían tener partículas fluorescentes y emergían de la oscuridad como un aviso. Su ordenada disposición a lo largo del muro, sus distintas formas y tamaños, la preocupación de quien cultivaba aquellas extrañas formas de vida en las que nadie repara, le daban un carácter único y original.

Pasearon por la noche cálida. Juana le enseñó todo lo que debería ver durante el día: la iglesia románica, la fuente, las casas, el bosque de hayas cercano, el bar-café-tienda.... Laura se dejaba llevar. Estaba encantada. Pasearon y hablaron como si hubieran pasado años sin verse y tuvieran mucho que contarse.

Cuanto despertó, Juana no estaba en la cama. Miró a su alrededor. No estaba su ropa. No se oía ningún ruido. En el espejo había una nota: "gracias por tu visita".

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Deseos
Maria Ginzo, Mercedes Alonso, giusseppe, Beatriz Pages, Toni Cárdenes

Deseo que se paren los coches a primera hora, que nadie tenga que pegar bocinazos a sus semejantes.
Deseo que deje de existir la rabia que ensordece.
Deseo menos agresividad en las personas.
Deseo encontrar calma.
Calma.
Deseo paz dentro de mí, y poder contemplar el mundo desde ahí.
Deseo vivir algún día entre gente sin miedo y sin prisa.
Deseo Justicia. Que los intentos de lucha por un mundo mejor se vayan abriendo camino.
Deseo que la gente decida luchar hasta el final de sus vidas. Porque una vida que no es lucha, tampoco es vida.
Ser consciente de lo que quiero y tener la fuerza de luchar por ello.
Deseo libertad para todos, sí, para todos, libertad para ser buenos y humildes.
Deseo cambiar el mundo hasta cuando haya cambiado.
Deseo sentir que tengo tanto derecho como cualquiera de ser feliz y ser libre.
Deseo que no me duela la dureza del mundo, o sí: que me siga doliendo.
Deseo vivir una temporada larga en Berlín, y que las cosas me vayan bien allí.
Deseo viajar mucho.
Deseo que el fuego siempre me llame la atención.
Espero no dejar de aprender nunca ya sea por falta de ilusión, soberbia o pereza.
Deseo escuchar y hacer el esfuerzo, último, de entender.
Deseo que los cines sean gratuitos y los libros y los compacts y los conciertos...
Deseo sentirme más valiosa, más especial, más productiva, más útil, más imprescindible.
Deseo tomar la vida con amigos y cañitas.
Y que mis amigos mueran cuando ellos quieran.
Deseo no hacer daño.
Sonrisas. Propias y ajenas.
Deseo saber encontrar en todo momento un motivo por el que sonreír.
Deseo no perder nunca la espontaneidad y la alegría.
Deseo desear, apasionarme, ilusionarme, desbocarme, atreverme a perder el control.
Follar a menudo. (3 veces por semana)
También espero que los precios de las viviendas se vuelvan accesibles sin hacerme caer en la esclavitud de una hipoteca a 40 años.
Espero tener una casa bonita en una zona que me guste y poder ir andando a los sitios.
Deseo que mi familia siga siendo como es.
Deseo desear menos para tener más.
Deseo tener confianza en mi humanidad y en mi potencialidad.
Ser capaz de seguir creyendo en mí.
Deseo confiar en lo que soy, en lo que hago y en lo que creo.
Deseo explicar, hacer entender todo lo que siento.
Deseo abrir el alma y el corazón y desnudar todo lo que soy para entregarlo y compartirlo. Cantando, escribiendo, amando, riendo, escuchando.
Y que la sinceridad sea parte de nuestras vidas sin que tengamos reparos.
Deseo no tener tanto miedo, o creerme un poco menos el miedo que me paraliza, para sentir que estoy más viva, que no se me pasa la vida.
Que el amanecer deje de darme miedo.
Y tener valor para atraverme con lo que me aterra.
Deseo no perder la sensación de ser querido, que nadie la olvide ni se mienta en ella.
Ser muy cariñosa y que lo sean conmigo.
Deseo que me sigan amando como me aman.
Deseo que me quieran mucho y querer yo también, mucho.
Deseo amar, y equivocarme y poder seguir amando.
No caer nunca en la rutina.
Deseo valorar todos y cada uno de los instantes que vivo.
Celebrar todos los días.
Deseo seguir disfrutando de la tristeza como si esta se tratase de felicidad.

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Hasta morir
Carmen de la Rosa

Primero comienzo por tu piel, la piel de tus mejillas
redondeadas las acaricio despacio con las yemas de mis dedos primero, yendo poco a poco con las palmas de mis manos
acaricio
continúo...son mis uñas las que marcan ahora el paso cada vez más desarmado
crujientes mis uñas te arañan la cara,
desgarro
te meto un dedo en un ojo y ahora el otro y así te mantengo
latente sin fin
no pudiendo derramar ni una lágrima
empuño hacia tu vientre mis nudillos y te sacudo fuertemente
golpeo
tú atado de pies a cabeza sin poder mover ni un ápice de tu columna
estás sentado
no te hago mucho daño y te levanto suavemente tan sutil...
ahora mis rodillas puedo llevarlas de acá para allá
hasta cada rincón de tus costillas,
a tus rodillas,
sacudo
a tu vientre ya un poco ensangrentado, pero no mucho
y porqué no?? utilizo también mi cabeza que también te desea
brutal
desabrocho un latigazo sobre tu pubis con una cicatriz semiescondida que me grita
mátame!
con ese dulce y delicado cuello envuelto entre mis dos manos que te aprietan más y más fuerte hasta agotar todas mis fuerzas

y ahora ¡¡ya está!! ¡¡ya puedo escucharte!!
Me acerco al susurro de tu corazón
pero no se oye.

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