Segunda Quincena de Marzo de 2004











































Homenaje
Cristina Ramírez Sanginés

Todo se perdió en un momento,
voló por los aires,
se escapó para siempre.

Como un parpadeo se para el mundo para cortar una parte de la vida y empalmar con otra. Es un sueño real, es un real sueño.


Se pasó con los dedos la hoja,
para quien puede,
aquellos que recuperan fuerzas.

De pronto notas como una mano se introduce en tu abdomen para arrancar un pedazo de corazón, es como un reclamo de algo propio, algo que te llevaste del otro y ahora te exige. No es tan metafórica la muerte, y no nos pilla tan lejos, algo de nosotros también se queda bajo tierra, junto al muerto.

No se puede entender si no se ha sentido nunca, porque hablar de ello sin haberlo sufrido es como hablar de la nada sin haberla visto. Nuestra imaginación es grande, pero no tanto para darnos la facultad de notar la guadaña sobre el peso del alma ,sin que apenas esté cerca. Sólo quien perdió a alguien cercano conoce la muerte...

Al no haber un catálogo que muestre que manera de fallecer es la menos mala o la menos buena, mis labios se atreven a aventurar que cuando la parca corta el hilo de una manera más brusca, el dolor se congela, pero no deja de crecer y se hace tan grande, tan grande, que raro es que no se explote el corazón de quien sufre la herida. La enfermedad es la amiga del hombre, porque, a pesar del engaño que se invente, es una preparación para soportar la desaparición del ser querido. Con un cáncer, una neumonía o un SIDA nos entrenamos para asumir que abandonan la vida.


Luego es todo como un turbio sueño,
la mente se presiona:
¿qué es lo que es cierto?.

Mientras tanto, el mundo te pregunta por tu herida y repite las mismas frases, pero no necesitas palabras, sino abrazos y ¡que vuelva!.


Dormidos en tono de pesadilla,
con la esperanza en nuestros ojos
para poder ver como vuelve del viaje.

Tomaron un tren sin destino, sin tiempo y sin vuelta, con las maletas en el umbral de la vida, no les dio tiempo a pactar la despedida. Se fueron con los labios inflados en un adiós a medias, que se lo tuvieron, que se lo hicieron, tragar con explosivos. Salieron de casa sin saber que hoy serían la noticia más oída, más vista, sin conocer que mañana y pasado, y pasado y pasado... llenarían hojas y hojas, rellenando la novela más macabra y más triste de esta ciudad. No eligieron ser los protagonistas...

Madrid se hizo muda cuando la atacaron en la estación de Atocha, convertida , provisionalmente, en un decorado de minas, en el que ya no llegaban los trenes, sino el negro manto de la muerte. La hirieron y la robaron su voz y sus quejidos, para que no pudiera acunar a sus muertos, y a los muertos que las bombas dejó con vida.


Negro azabache,
negro el vacío,
negra esta lluvia,
negra la luz,
negro el adiós que tú llevaste,
negras las vías de esta estación.
Negros los ojos,
negro el silencio,
negras estas lágrimas,
negra voz,
negras las manos que te ayudaron,
negro el dolor que te escribió.

(Particular homenaje a las víctimas de aquella mañana. No hay apoyo o sentir que cambie los hechos, que calme el dolor, pero no tengo más que palabras y abrazos..., y este mi hombro).

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11-Marzo. Por ti, memoria
Clarisa

Te conocí esa mañana de Madrid
cuando encendí el televisor
no me importó tu nombre.
Sólo sabía que ibas a algún lugar.
Tal vez te habías levantado como
todos los días.
¿Te abrigaste? ¿Desayunaste?
Subiste al tren, querías llegar.
Esa mañana me llamó una señora
preguntando por Enriqueta.
A miles de ella las conocí esa mañana.
No me importó de dónde eras,
ni cómo llegabas a fin de mes.
Sólo me dolió el corazón
se me estrujó el alma, los ojos lagrimaron
por conocerte y despedirte ese día.
Pero todos los 11 te voy a recordar.

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11-M
Clarisa

Marzo
Madrid
Masacre
Muerte
Mutilados
Mierda
Miedo

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en memoria de los habitantes del vagón
Iván Carrera

veo etéreas formas más pesadas que la vida aladas de falda verde bajo los fluorescentes que indican la salida de la borracha salida estación de ferrocarril. una corbata sostiene a un hombre que, cómodo, viaja hacia el infinito a través de la pantalla de su teléfono móvil que compite en velocidad con el estruendo del último vagón... ese que en estos momentos penetra en mí... y en el que, una vez me ha penetrado, yo me meto en el interior de mí mismo para penetrarlo a él, y una vez dentro sabré que en su intestino interior me espera una gran muchedumbre inquebrantable cruel sin compasión que me convertirá en el ser más inseguro de Babilonia, donde ahora todos hablan en la Lengua de los Muertos, legándome la sabiduría de los milenios y abriéndome, ¡oh, piadosa!, un largo pasadizo hacia la fría dorada calle donde los adoquines gimen cálidos, firmes, los latigazos del ascenso del índice de natalidad fresca como la leche de vaca...
esa mañana, mientras os desperezabais delante de vuestros espejos, Orson Wells os decía que la única verdad es el cepillo de dientes que os espera en casa, vuestros planes de media tarde y vuestra sepultura...
... y en la mesilla de noche de anoche encontré una carta de Pablo Picasso en la que me decía que el arte es una mentira que invita a descubrir una realidad...

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Once de Marzo del 2004
Giovanni Collazos

El once de Marzo del 2004 es un día que, sinceramente, no quiero recordar.
Pero es irremediable pensar en ese día. Puedo escribir muchas cosas sobre ese día, puedo describir todas las sensaciones que se despertaron en mí. Algunas de ellas ya las conocía. Sólo diré que no podemos quedarnos a llorar todo el tiempo. Algo hay que hacer para acabar con esto.
Yo viví en el Perú muchas situaciones semejantes en la época que Sendero Luminoso estaba en su apogeo destructivo, en su momento más terrorífico y asesino.

El 11 de Marzo volví a sentir ese mismo miedo que sentía cuando todavía era un niño y vivía en la inseguridad, entre los coches bombas, entre todas esas cosas que ahora ya no hay en mi país. Finalmente el miedo duró poco y la gente se hizo valiente y poco a poco acabamos con esos "conchasumadres".

Lo más importante que sentí el 11 de Marzo en Madrid fue la solidaridad y mi necesidad de hacer algo, de ayudar.

No sabía cómo hacerlo, estaba lejos del lugar. Después, sin pensarlo dos veces, acudí al llamado de los hospitales para donar sangre. No fui a ningún hospital, fui hasta Plaza Castilla donde había unos camiones donde la gente donaba. Me pincharon, no sentí dolor físico; en ese momento sentía dolor interior, tristeza de mi corazón. Ojala que mi plasma haya servido de algo. Era lo único que podía hacer ese día.

No quiero que vuelva a pasar esto, en ningún lugar del mundo. Nadie merece morir de esa forma. Pero ahora dudo si algunas personas tengan que seguir existiendo.

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Madrid 11M
Carmen de la Rosa

Teléfonos
Sirenas
Alarmas
Gritos
Sangre

Vertidos entre carriles y vagones.
Mis lágrimas caen una tras otra sin saber dónde parar
Esta mañana no tengo música porque ha desaparecido, entre la niebla y la nada vestidas de muerte.
Salgo a recorrer un minuto.... una ambulancia blanca me parte en dos.
Mi sombra se diluye entre la sangre y el cemento y no me encuentro.
Ruedo por los cadáveres ametrallados, caminando en procesión sin nombre.
El dolor vuelve a mí pero ya no lloro. Y sin embargo, necesito sentir la realidad.

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Poema pendiente sin título dedicado al 11-M
cavecuss

El mundo giraba con nosotros
cuando se detuvo
y empezó a mostrarnos
los horrores de la explosión.

Una gran sacudida,
luces que se apagan
y las puertas del vagón que se abren
gente sentada en el suelo del andén
¿Por qué lloran?
¿Por qué sangran?
¿Por qué huele a carne quemada?
¿Qué está ocurriendo?

Sirenas, revuelo, caos
unos corren, otros gritan
espesas manchas rojas
van tiñendo el andén
miembros amputados
cadáveres entre espesos
amasijos de hierros
y los móviles de los muertos
que no paran de sonar.

Aún hoy cuatro días
después de la tragedia
hay personas que todavía
no han aparecido en sus trabajos
y no se encuentran
ni entre las listas de muertos
ni entre las listas de heridos.

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Dale un sí a la vida
cavecuss




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11M
Pilu










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