Indice de los textos de la quincena:
Querida Angela;
Ahora que por fin vas a venir Madrid empecé a prepararte una lista con las visitas que no puedes dejar de hacer antes de abandonar la ciudad, pero enseguida me resultó demasiado extensa y, por lo demás, típica y tópica; porque lo que primero se me vino a la mente son los lugares comunes de la memoria colectiva: los grandes museos, las famosas fuentes, los barrios antiguos... Definitivamente para eso no hace falta elaborar una lista sino más bien un plan, horario o agenda de visitas y que cuando estés aquí y vayas sabiendo qué es lo que más te gustaría conocer ya lo haríamos.
Entonces pensé en un lugar que no vas a encontrar en ninguna guía porque sólo lo conocen algunas personas de esta ciudad, como sólo algunas personas conocen Clave 53, “La nave de los locos” o la “La Dinamo”. Así de inmensa es esta ciudad.
Este lugar del que te hablo nació allá por 1991, cuando un grupo de jovencitos y jovencitas animadas por el furor asociativo de la época se lanzaron a conquistar los espacios del abandonado barrio de Adelfas, frontera entre Retiro y Vallecas, y ocuparon una ruinosa casita con mucho trabajo (nunca dejó de ser una ruina) y con mucha ilusión (ha cumplido 14 años).
Por ella han pasado colectivos de todo tipo, una distribuidora discográfica, artistas, conciertos, charlas, exposiciones, talleres, reuniones, asambleas, dos ediciones del festival de cine social, una cooperativa de viviendas, un laboratorio de hackers y muchas estupendas maravillosas baratas divertidas fiestas.
Hoy, afectada por el PERI de Adelfas, le queda poca vida. Sus habitantes se esfuerzan para que la junta y demás autoridades municipales reconozcan su valía y labor social y por ello y para ello les proporcionen otro lugar desde el que seguir avanzando. Y no es fácil, la administración desestima estos proyectos a los que califica de “periféricos”.
Este sábado, 5 de marzo, a las 19h., desde la Plaza Mariano de Cavia hasta el Centro Social Seco (c/ Seco) la Marcha Rosa exigiendo un nuevo local.
Marta está en la cocina sentada en un taburete esperando que termine el centrifugado de la lavadora. Desde la radio se escuchan unos pitidos intermitentes que anuncian las cuatro de la tarde. El locutor con voz seria resume las noticias de un miércoles cualquiera. Marta se acerca hasta el viejo radiocasete y gira la rueda hasta sintonizar Radio Copla. Que suerte, piensa, ponen una canción de las de antes. Sube el volumen, abre la lavadora y su canto inunda el patio mientras tiende la ropa. “gracias a la vida que me ha dado tanto/ me dio dos luceros que cuando los abro/ perfecto distingo lo negro del blanco/ y en alto cielo su fondo estrellado/ y en las multitudes al hombre que amo/ gracias a la vida que me ha dado tanto....” . De sus manos mojadas resbala una pinza que cae hasta el bajo y tras un aplauso de alas de paloma que alzan el vuelo todo queda en silencio.
A esa hora Pedro se despide de sus compañeros en la comisaría. Hoy ha sido un día tranquilo, solo una detención por robo con intimidación, dos accidentes de tráfico sin victimas y un falso aviso de bomba en un centro comercial. Pedro deja la pistola en la taquilla del vestuario y cuelga el uniforme. Está contento porque tendrá toda la tarde para estar con su hijo Daniel. Le recogerá con el coche a la salida del colegio, subirán a casa y después de merendar bajarán a montar en bicicleta al parque de los Olivos. Antes de salir por la puerta de la comisaría se coloca los auriculares, saluda al vigilante y suena su canción preferida “En los mapas del cielo el sol siempre amarillo/ y las nubes, la lluvia no pueden velar tanto brillo/ ni los árboles nunca podrán ocultar el camino/ de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino...” . Mientras espera el autobús recuerda que hoy es el aniversario de su boda. Hace diez años que se casó con Marta. Sonríe y piensa que el tiempo pasa demasiado rápido.
Daniel juega al baloncesto en el patio del colegio. Le gusta el nuevo profesor de Educación Física porque es un chico joven y muy enrollado. Cuando juegan, les dejan hacer a ellos los equipos y pueden elegir a sus compañeros, no como el otro profesor que era un gruñón y hacía los equipos siguiendo el orden de la lista de clase. Daniel prefiere que le toque con Cristina que es de la clase de enfrente y le gusta un poco. Siempre están peleándose pero en el fondo sabe que se gustan. Hoy en el recreo se ha escondido detrás de un árbol y la ha espiado cuando estaba ensayando con sus amigas el baile para la fiesta del viernes. A Daniel también le gusta la canción Ahora bota el balón de un lado a otro de la pista mientras canta. “El pintalabios, toque de rimel/ el moldeador como una artista de cine/ Peluquería, crema hidratante/ y maquillaje que es belleza al instante/ Abrid la puerta que nos vamos pa´la calle/ qué a quien le importa lo que digan por ahí/ antes muerta que sencilla/ ay que sencilla, ay que sencilla.... La voz del profesor le saca de sus pensamientos. Tiene que devolver el balón porque la clase ya ha terminado.