Primera Quincena de Marzo de 2005

Indice de los textos de la quincena:

Lo que has de visitar en Madrid es...
Pilu

Querida Angela;

Ahora que por fin vas a venir Madrid empecé a prepararte una lista con las visitas que no puedes dejar de hacer antes de abandonar la ciudad, pero enseguida me resultó demasiado extensa y, por lo demás, típica y tópica; porque lo que primero se me vino a la mente son los lugares comunes de la memoria colectiva: los grandes museos, las famosas fuentes, los barrios antiguos... Definitivamente para eso no hace falta elaborar una lista sino más bien un plan, horario o agenda de visitas y que cuando estés aquí y vayas sabiendo qué es lo que más te gustaría conocer ya lo haríamos.

Entonces pensé en un lugar que no vas a encontrar en ninguna guía porque sólo lo conocen algunas personas de esta ciudad, como sólo algunas personas conocen Clave 53, “La nave de los locos” o la “La Dinamo”. Así de inmensa es esta ciudad.

Este lugar del que te hablo nació allá por 1991, cuando un grupo de jovencitos y jovencitas animadas por el furor asociativo de la época se lanzaron a conquistar los espacios del abandonado barrio de Adelfas, frontera entre Retiro y Vallecas, y ocuparon una ruinosa casita con mucho trabajo (nunca dejó de ser una ruina) y con mucha ilusión (ha cumplido 14 años).

Por ella han pasado colectivos de todo tipo, una distribuidora discográfica, artistas, conciertos, charlas, exposiciones, talleres, reuniones, asambleas, dos ediciones del festival de cine social, una cooperativa de viviendas, un laboratorio de hackers y muchas estupendas maravillosas baratas divertidas fiestas.

Hoy, afectada por el PERI de Adelfas, le queda poca vida. Sus habitantes se esfuerzan para que la junta y demás autoridades municipales reconozcan su valía y labor social y por ello y para ello les proporcionen otro lugar desde el que seguir avanzando. Y no es fácil, la administración desestima estos proyectos a los que califica de “periféricos”.

Este sábado, 5 de marzo, a las 19h., desde la Plaza Mariano de Cavia hasta el Centro Social Seco (c/ Seco) la Marcha Rosa exigiendo un nuevo local.

Enjambre de arpas II
Susana Recover, 7 de noviembre de 2004

Tus palabras eran como campanadas mal sonantes
Comenzaban los tiempos del café sin estrellas
Sobre el café no caían estrellas como en las películas o las fábulas o en la poesía cuidada y bonita
Sino gruesos lagrimones

Me molesta mucho que ya no fluyan las palabras como hormiguitas en estampida
Como antes, hace apenas semanas o meses
Cuando mis besos se derramaban en tu boca
Como serpientes soñolientas surcando la orilla de un río
Lo más terrible fue no ver tus ojos
Examinar con minuciosidad tus pupilas
Los movimientos de tus brazos
Ver por qué cambiaba el tono de tu voz
El ritmo de tus frases
Verlo en tu boca y de nuevo en tus ojos


Me tuve que conformar con escucharte a través de la línea telefónica
Alguien me miraba desde un pasillo y yo lloraba disimuladamente
Creo que SÍ se dio cuenta y no me importa
Podría ser también un resfriado a fin de cuentas
Un pequeño dolor de estos que aparecen de improviso
Y te pegan una punzada aguda
Por ejemplo en la boca del estómago o en los riñones
O en el corazón
Como aquellos dardos que solías clavarme en el corazón
Cuando querías y también cuando no querías


Bueno eso, que cogí envalentonada el teléfono para hablarte
Y automáticamente me convertí en un bote de mermelada al escucharte
Y crucé las piernas simulando un gesto de tonta seguridad en mí misma
Y por supuesto me fui de allí con paso lento
Con la mirada fija en ninguna parte
Pero seguí llorando y se me puso mala cara
Me preguntaron:
Si estaba cansada
Si estaba enferma
Si estaba mareada
Si estaba con náuseas
A todo respondí afirmativamente


El desorden de mi mesa en esas circunstancias me pareció insoportable
Me abrumó la idea de tener que poner aquello en un orden medianamente aceptable
Con los bolis fuera de su bote reglamentario
Los expedientes por todas partes
El teléfono repicando sin parar



Pero lo más insoportable
Es el silencio
Es la lluvia esta que no para
Y que no trae ya la esperanza de al menos escucharte una vez más
Una sola vez aunque sea una.

Ni siquiera es la lluvia, la verdad
Ahora que lo pienso mejor, es el sol de otoño el que me hiere
Con ese efecto tan benévolo que no puedo compartir contigo justo hoy
Hoy que estarás mirando quien sabe qué tu también
con la mirada fija
esta vez igual que yo en ningún sitio
Pero sin la angustia de no verme
Pero con la ansiedad sí, de no tenerme

Y yo que no puedo regresar más a los cuadernos de mi última primavera...
Un duende me dijo en sueños que el viaje tan rabioso a tu alma
Era una expedición sin retorno
Sin vuelta atrás al punto de partida
A ese origen donde empecé a inventarte con voz sin labios

Así que esta tarde
Cuando debería hacer una formal sobremesa
Me dedico a destripar recuerdos
Y viene tu boca en punta como de niño que aprende a dar un beso
Y se topa con al aire
Y ese aire lo atrapo con mi lengua
Y te doy otra vez un mordisco de esos que no hacen daño
Cuando consigues de nuevo romperme de ternura

No tengo tiempo para ayudarte en tu intención de quitarte la camiseta
O mas bien me topo con el hecho de que ya te las has quitado
Y sonrío al darme cuenta de que también tienes el alma al descubierto
(Y note has dado cuenta)
Entonces me miras como quien mira a una mujer desnuda por primera vez en su vida
Y nos quitamos las nostalgias
Y nos desembarazamos de la parte más superficial de nuestra piel
Del deseo de poseernos este mediodía como tantos otros
En los que tu mirada se iba oscureciendo ante la evidencia del olvido
Del olvido dentro de la posibilidad de la visión de todo aquello que deseas

Vuelves así a besar mis rodillas
La derecha
La izquierda
A cada una le das por igual
Para que no se duelan de celos ni la una ni la otra
Y sumerges tu boca
Tu lengua
Todo tu ser con tu historia, dentro de mi más profunda intimidad
Y escuchas, siendo la tarde muda,
Como se desgarra una nota de amor
Un sollozo justo sobre mis dientes
Un calor en aumento insoportable hasta mi garganta.
Sísifo
Pilu

al principio
suplicio indecible

empezar todos los días
el mismo camino
de ida
el mismo camino
de vuelta

recorrer la misma distancia
saber el principio
conocer el final
volver
resistir

después
saborear la magnitud de la condición
humana mortal
miserable

y caminar sin dolor
imaginarse dichoso

vencer a la roca








































Otra tarde
Mariano Girón

Te miro
Me sumerjo en tus ojos
de mar en calma
Sonríes
El secreto de tu sonrisa
flota a la deriva
mecido por las horas
de otra tarde sin alas
Otra tarde más
Mariano Girón

Marta está en la cocina sentada en un taburete esperando que termine el centrifugado de la lavadora. Desde la radio se escuchan unos pitidos intermitentes que anuncian las cuatro de la tarde. El locutor con voz seria resume las noticias de un miércoles cualquiera. Marta se acerca hasta el viejo radiocasete y gira la rueda hasta sintonizar Radio Copla. Que suerte, piensa, ponen una canción de las de antes. Sube el volumen, abre la lavadora y su canto inunda el patio mientras tiende la ropa. “gracias a la vida que me ha dado tanto/ me dio dos luceros que cuando los abro/ perfecto distingo lo negro del blanco/ y en alto cielo su fondo estrellado/ y en las multitudes al hombre que amo/ gracias a la vida que me ha dado tanto....” . De sus manos mojadas resbala una pinza que cae hasta el bajo y tras un aplauso de alas de paloma que alzan el vuelo todo queda en silencio.

A esa hora Pedro se despide de sus compañeros en la comisaría. Hoy ha sido un día tranquilo, solo una detención por robo con intimidación, dos accidentes de tráfico sin victimas y un falso aviso de bomba en un centro comercial. Pedro deja la pistola en la taquilla del vestuario y cuelga el uniforme. Está contento porque tendrá toda la tarde para estar con su hijo Daniel. Le recogerá con el coche a la salida del colegio, subirán a casa y después de merendar bajarán a montar en bicicleta al parque de los Olivos. Antes de salir por la puerta de la comisaría se coloca los auriculares, saluda al vigilante y suena su canción preferida “En los mapas del cielo el sol siempre amarillo/ y las nubes, la lluvia no pueden velar tanto brillo/ ni los árboles nunca podrán ocultar el camino/ de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino...” . Mientras espera el autobús recuerda que hoy es el aniversario de su boda. Hace diez años que se casó con Marta. Sonríe y piensa que el tiempo pasa demasiado rápido.

Daniel juega al baloncesto en el patio del colegio. Le gusta el nuevo profesor de Educación Física porque es un chico joven y muy enrollado. Cuando juegan, les dejan hacer a ellos los equipos y pueden elegir a sus compañeros, no como el otro profesor que era un gruñón y hacía los equipos siguiendo el orden de la lista de clase. Daniel prefiere que le toque con Cristina que es de la clase de enfrente y le gusta un poco. Siempre están peleándose pero en el fondo sabe que se gustan. Hoy en el recreo se ha escondido detrás de un árbol y la ha espiado cuando estaba ensayando con sus amigas el baile para la fiesta del viernes. A Daniel también le gusta la canción Ahora bota el balón de un lado a otro de la pista mientras canta. “El pintalabios, toque de rimel/ el moldeador como una artista de cine/ Peluquería, crema hidratante/ y maquillaje que es belleza al instante/ Abrid la puerta que nos vamos pa´la calle/ qué a quien le importa lo que digan por ahí/ antes muerta que sencilla/ ay que sencilla, ay que sencilla.... La voz del profesor le saca de sus pensamientos. Tiene que devolver el balón porque la clase ya ha terminado.

El corazón de los muertos
Susana Recover

El corazón de los muertos tiene los párpados taladrados por el insomnio
Dentro de las venitas dilatadas, dentro del claro enrojecido por los círculos que no se cierran
Allí late también tu corazón
Tu corazón dentro de mi alma muerta
Déjame dormir
No quiero despertar a la angustia de las mañanas donde no estás
A los sitios donde jamás estuviste
A los sitios donde mis dedos absurdos te buscan sin encontrarte
Releo los escritos de antaño
El despertar de golpe después del estado de coma
La vida sobre las aceitunas de tu cuello
La curvatura de toda tu boca cortando el vacío
Mis sueños Mis pesadillas
Los Pensamientos Sucesivos Enmarañados Locos
Todo mi cuerpo clavado por las estacas de tus suspiros sobre el muro de cemento
Todo mi cuerpo muerto sembrado de las flores de tus besos ya lejanos
Todo mi cuerpo convertido en tierra En abono
Y las mucosas ardiendo de frío en medio de La noche helada
El viento que me corta la barbilla
Las manos entumecidas dentro de los bolsillos del abrigo
Las rodillas dolientes
Y el mucho silencio.

Mi espalda todavía sangra dentro de mi corazón muerto
Me haces sangrar de miedo
Me haces sangrar de tiempo y noche