Segunda Quincena de Abril de 2005

Indice de los textos de la quincena:

Ausencias
Cristina Ramírez

Ventanas sin contrafuertes que hacen que el alma se escape
has abierto la boca
la has dejado salir
y ahora no quiere volver.

Volver...

Volverte a sentir como el arbol al que envuelven sus hojas
dormite tranquilo
poder cerrar los ojos
y dejar a la lluvia que llueva.


No hay más estrellas que estas,
¿no ves?
radiografías de un pasado
de algo que no vive con nosotros
como la muerte
¿para qué mirar entonces al cielo?.

Para no sentirte tan solo...
Mi cara en tu mano
Susana Cavecuss

Este amor ligero, sutil y malediciente,
este amor que me obliga a buscarte
perennemente,
este amor que me inquieta
y me ata,
no busca otra cosa que mi cara en tu mano
tu pelo en mi nuca
mis ojos en tu boca
tu tacto en mis brazos
y la sonrisa ronroneante
del mundo girando entre ambos.
Ese no es mi padre
Clarisa

Me mentiste mil veces
Hiciste que creyera en ti,
Como una ingenua.
El redentor de los mártires, te embanderaste
El que trajo a los exiliados, y el que exilio.
Todo eso me dijeron, pero no eres mi sangre.

Tú no sabes de ausencias, ni perdidas,
Tú no eres mi padre.
Te vendiste al mejor postor
Saliste al balcón dando voces
Y te retiraste por la puerta de atrás
No eres mi padre, no compro tus mentiras, ni la de tus secuaces.
Discurso moralizante das en
Cuanta oportunidad tienes.
Pero yo también la poseo lacayo,
Bob, El Escarabajo Pelotero Que Quería Morir: Capitulo II: El sueño de Bob
Aída Márquez

Bob no sabía si había estado en la montaña de los estropajos usados o si lo había soñado, no sabía si bailó con la perfección, o lo soñó y lo peor de todo es que no sabía si se había enamorado de un sueño, o de alguien de verdad.

Ante la duda, decidió ampliar sus expectativas de vida. Decidió continuar su baile en sueños, y su vida de vividor buscavidas y solitario el resto del día.

Porqué tenía que ocurrirle aquello, ¡él sólo quería rascarse!. Dejó de imaginar para no recordar que le habían abandonado, y ahora que se estaba portando bien, ahora alguien cruel quería hacerle dudar sobre si había soñado o no, ¡peor!, ahora quería estar para siempre imaginándose en un único momento que no sabía si era soñado. Lo único que le consolaba era que no sabía si soñar era igual de malo que imaginar, y de serlo , ya le daba igual, ya no podían empeorar las cosas...o al menos eso creía.

Ahora Bob era un infeliz, porque quería dormir todo el día. Y al despertar pensaba todo el rato qué cosas soñaría, y luego, llegado el momento, se le estancaban los sueños. Sus sueños eran un mar de deseos totalmente opaco y en calma chicha.

Así que Bob fue a hacerle una visita a una vieja amiga suya, para que lo hechizara, y pudiera vivir soñando el resto de su vida. Cogió el poco aliento que le quedaba y se dirigió a casa de la Araña Maraña.

Su amiga, una vieja araña dueña de un hotel-hormiguero, que pasaba los días rodeada de vodka y nicotina, le advirtió que, si ahora era infeliz, no podría ni imaginarse lo que sufriría más tarde. Y también le dijo que además de hechizo del sueño, era pócima busca talentos. La mayoría de la gente que lo prueba, dijo, descubre su absoluta mediocridad, porque esta pócima hace los sueños públicos. Los proyecta y se ven y oyen. Y supongo, dijo, que quien vuelva a despertar -nadie lo ha hecho aún - sería parte del subconsciente colectivo. Hay gente que se pasa la mayor parte del día viendo esos sueños. Jeje, no sé que es peor, que todo el mundo sepa lo que sueñas, o descubrir que gracias a ti la gente ya no sueña, dijo con su voz cascada por la mala vida, ya que la mayoría de los sueños que se proyectan por aquí son de segunda mano, y en lugar de dar ganas de hacer cosas, dan ganas de dormir más .

Entre risitas diabólicas, su amiga la araña le dio la pócima, y Bob, después de pedirle una habitación con cama por tiempo indefinido, e instalarse en esta, se la bebió de un trago, y durmió.

Y lo primero que vio fue que estaba de nuevo en el bosque de los estropajos usados.