Segunda Quincena de Mayo de 2005
Aun a riesgo de repetir alguno de los poemas, publicamos
esta quincena aquellos que fueron leídos en el recital de
Poesía del día 13 de Mayo, junto con otro texto
que no fue leído en el recital y un capítulo
más del coleccionable: Bob, Escarabajo Pelotero que Quería Morir
- Enjambre de arpas II, por Susana Recover
- Tu voz, por Mariano Girón
- Guerra, por Susana Espeleta
- No sé qué hago aquí, por Mariano Girón
- Sin embargo, por Mariano Girón
- Me eres necesaria, por Susana Espeleta
- Contradicción, por Susana Recover
- Otra tarde, por Mariano Girón
- Vacío, por Susana Espeleta
- Caminar por la Orilla, por Mariano Girón
- Hombres de Polvo y Paja, por Lilian Flores
- Bob, El Escarabajo Pelotero Que Quería Morir: Capitulo IV: Los Cayos de Bob, por Aída Márquez
Enjambre de arpas II
Susana Recover
Tus palabras eran como campanadas mal sonantes
Comenzaban los tiempos del café sin estrellas
Sobre el café no caían estrellas como en las películas o las fábulas o en la poesía cuidada y bonita
Sino gruesos lagrimones
Me molesta mucho que ya no fluyan las palabras como hormiguitas en estampida
Como antes, hace apenas semanas o meses
Cuando mis besos se derramaban en tu boca
Como serpientes soñolientas surcando la orilla de un río
Lo más terrible fue no ver tus ojos
Examinar con minuciosidad tus pupilas
Los movimientos de tus brazos
Ver por qué cambiaba el tono de tu voz
El ritmo de tus frases
Verlo en tu boca y de nuevo en tus ojos
Me tuve que conformar con escucharte a través de la línea telefónica
Alguien me miraba desde un pasillo y yo lloraba disimuladamente
Creo que SÍ se dio cuenta y no me importa
Podría ser también un resfriado a fin de cuentas
Un pequeño dolor de estos que aparecen de improviso
Y te pegan una punzada aguda
Por ejemplo en la boca del estómago o en los riñones
O en el corazón
Como aquellos dardos que solías clavarme en el corazón
Cuando querías y también cuando no querías
Bueno eso, que cogí envalentonada el teléfono para hablarte
Y automáticamente me convertí en un bote de mermelada al escucharte
Y crucé las piernas simulando un gesto de tonta seguridad en mí misma
Y por supuesto me fui de allí con paso lento
Con la mirada fija en ninguna parte
Pero seguí llorando y se me puso mala cara
Me preguntaron:
Si estaba cansada
Si estaba enferma
Si estaba mareada
Si estaba con náuseas
A todo respondí afirmativamente
El desorden de mi mesa en esas circunstancias me pareció insoportable
Me abrumó la idea de tener que poner aquello en un orden medianamente aceptable
Con los bolis fuera de su bote reglamentario
Los expedientes por todas partes
El teléfono repicando sin parar
Pero lo más insoportable
Es el silencio
Es la lluvia esta que no para
Y que no trae ya la esperanza de al menos escucharte una vez más
Una sola vez aunque sea una.
Ni siquiera es la lluvia, la verdad
Ahora que lo pienso mejor, es el sol de otoño el que me hiere
Con ese efecto tan benévolo que no puedo compartir contigo justo hoy
Hoy que estarás mirando quien sabe qué tu también
con la mirada fija
esta vez igual que yo en ningún sitio
Pero sin la angustia de no verme
Pero con la ansiedad sí, de no tenerme
Y yo que no puedo regresar más a los cuadernos de mi última primavera...
Un duende me dijo en sueños que el viaje tan rabioso a tu alma
Era una expedición sin retorno
Sin vuelta atrás al punto de partida
A ese origen donde empecé a inventarte con voz sin labios
Así que esta tarde
Cuando debería hacer una formal sobremesa
Me dedico a destripar recuerdos
Y viene tu boca en punta como de niño que aprende a dar un beso
Y se topa con al aire
Y ese aire lo atrapo con mi lengua
Y te doy otra vez un mordisco de esos que no hacen daño
Cuando consigues de nuevo romperme de ternura
No tengo tiempo para ayudarte en tu intención de quitarte la camiseta
O mas bien me topo con el hecho de que ya te las has quitado
Y sonrío al darme cuenta de que también tienes el alma al descubierto
(Y no te has dado cuenta)
Entonces me miras como quien mira a una mujer desnuda por primera vez en su vida
Y nos quitamos las nostalgias
Y nos desembarazamos de la parte más superficial de nuestra piel
Del deseo de poseernos este mediodía como tantos otros
En los que tu mirada se iba oscureciendo ante la evidencia del olvido
Del olvido dentro de la posibilidad de la visión de todo aquello que deseas
Vuelves así a besar mis rodillas
La derecha
La izquierda
A cada una le das por igual
Para que no se duelan de celos ni la una ni la otra
Y sumerges tu boca
Tu lengua
Todo tu ser con tu historia, dentro de mi más profunda intimidad
Y escuchas, siendo la tarde muda,
Como se desgarra una nota de amor
Un sollozo justo sobre mis dientes
Un calor en aumento insoportable hasta mi garganta.
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Tu voz
Mariano Girón
Oí tu voz al caer la tarde
Tu risa llenaba todo el espacio
de mi alma.
Miraba desde el árbol tu cuerpo
que escondía el secreto de la noche,
donde no existen los relojes ni el tiempo.
Hablamos hasta la madrugada
de cómo éramos entonces,
y en el amanecer
nos descubrimos tal y como somos ahora:
tu sigues siendo tu,
yo ya soy otro desde que no me amas.
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Guerra
Susana Espeleta
Hoy no he reconocido la cara de mi hijo,
Su gesto era extraño.
Han desaparecido.
Los muertos.
No podía imaginarlo.
Nadie.
Divago…
Parece que fueran a entrar en casa
con su maleta de cielo
y nos vayan a explicar el error
de su muerte.
Nos gusta sentir que es mentira,
que en realidad andan escondidos
por alguna sombra,
cuchicheando nuestras vidas.
Cuando he querido acunar a mi hijo
los brazos se me han partido.
Hay un espacio entre ambos
de cristal punzante.
Me deja desierta
el aire vacio de su mirada.
Sus ojos son ahora peceras
de líquidos contenidos
y movimientos cercados.
Ayer dijo “papa”
Y por primera vez su boca
fue cuchillo en mis pechos.
Nadie va a venir por nosotros.
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No sé qué hago aquí
Mariano Girón
no sé que hago aquí
rompiendo muros
cavando tumbas
forjando espadas
no sé qué hago aquí
quemando libros
cerrando puertas
pensando en nada
no sé qué hago aquí
tejiendo sombras
lanzando piedras
cayendo en trampas
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Sin embargo.
Mariano Girón
No te quedes callada,
di algo,
cualquier cosa,
di árbol, di sombra, di hierba
pero no te quedes callada.
No dejes que el alma habite sola en el silencio,
en el olvido.
Déjalo ya y
sopla despacio en la ceniza,
aviva la llama,
no dejes que se apague.
Eleva la mirada desde el frío asfalto hasta el cielo
para descubrir que hoy es un día gris
y sin embargo
todo está lleno de colores.
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Me eres Necesaria
Susana Espeleta
Me eres Necesaria
y es por ello que Te Nombro.
Extiendo mi mano,
Te Atrapo,
impensables mis labios sin ti.
Tengo Derecho.
Porque Me eres Querida,
porque Te Sueño,
y de tanto desearte
Te Secuestro.
Rebautizada para siempre por mí: “MiElla”.
Quién te lo hubiera dicho,
cuándo columpiabas tus ojos por la almena
en el suspiro seguro de mi ausencia.
He Venido.
Y no porque me llamaras,
aunque lo has hecho,
y no porque lo quisieras,
que lo has querido,
sino porque te da Miedo.
Yo:
que no concibo lo profundo sin temor
ni lo esencial sin desgarro,
vengo a Desvestir tus silencios
y Violar tu soledad.
Tengo Derecho.
Porque Me Eres linda,
y yo:
Te Veo.
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Contradicción
Susana Recover
El tiempo en tus brazos
Tiene textura de arena que se va para siempre
Como la luz de las cinco de la tarde
Que reclama un destino de noche plácida y desaparece
(Susana Recover)
La ciudad es una lámpara quejumbrosa en medio del tiempo
Las luces de los coches son cocodrilos errantes camino a la nada
Se suspende el aire viciado de plomo en mis dedos
Respiro monóxido de carbono
Sorbos de aire amargo atraviesan mi garganta
Hieren mis pulmones
Restos minúsculos de sangre de silencio
Me duelen las fosas nasales
Me duelen del frío de tu ausencia
Me arde la lengua
La noche susurra en mis dientes un vacío de hielo
Se abren grietas en mis manos
En mi pecho una ola roja mece los restos de la última vez
Hormiguean en mis muslos hebras del anochecer
El asfalto recorre mi traquea como en un sueño angustioso
Corta mi respiración
Me ahoga
Se quiebran los globos oculares de la luna sobre los semáforos
Y se rompe en silbidos nocturnos la única estrella de una ciudad contaminada
Y yo corro como un animal ciego
Hacia tu cuerpo
Hacia el efecto desintoxicante de tus brazos húmedos
Hacia el volcán energético de tu boca
De tus dientes
De tu pulgar
De tu sexo
De tu mirada nuevamente oscurecida por el deseo de un encuentro.
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Otra tarde
Mariano Girón
Te miro.
Me sumerjo en tus ojos
de mar en calma.
Sonríes y
el secreto de tu sonrisa
flota a la deriva
mecido por las horas
de otra tarde sin alas.
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Vacío
Susana Espeleta
Se compró un caimán porque tenía alergia a los gatos. Lo
mismo que tenía alergia a sí misma, a su propia sombra
y, como no, a su pasado. De no haberles tenido alergia,
hubiera comprado dos gatos. Uno sin testículos ni uñas, arrancados; otro
de dientes afilados. Pero no tuvo opción y se acompañó el
alma con un reptil, que también sin opción, un día crecería
y la devoraría.
Se compró un caimán para no estar sola, ¡con lo que
le había costado que él la dejara! Y sin embargo escribía
en negrita: “sola”. En su frente, en su espalda.
Tuvo un hombre de dientes afilados y grandes testículos de gato.
La mordía cada noche y ella misma recogía su sangre cada
mañana. Solo al sentirse morir empaquetó sus venas y salió hacia el Norte.
En el Norte encontró otro hombre, de hielo castrado. Ella le
clavaba las uñas todas las noche y lamía sus heridas cada
mañana. Cuando se le rompieron los dedos decidió marcharse al Sur.
Volando.
Se compró un caimán para no buscar más hombres. Para no
cortarse las venas. Para a lo mejor hacerlo, pero sin su
presencia. La repetida presencia del hombre que ni muere ni mata,
solo acaba traspasándote con su mirada.
Tuvo que volverse invisible porque él dejó de mirarla. No pudo
soportar ser trasparente a su amor sin serlo, quedarse sin su
cuerpo teniéndolo, y vender sus palabras al silencio.
Lo primero que él perdió fueron sus manos. Esa misma mañana
ella despertó sin pechos.
Lo segundo que ocurrió: se quedó ciego. Y ella perdió la
ropa y se le metió el frío en los huesos.
Lo tercero: el silencio. Cuando se miró en el espejo tenía
la lengua negra y en la cabeza un desierto.
No podía abandonarle, tenía que obligarle a correr. Debía recuperar un
instante de existencia para deshacerse de la muerte que cada día
ocupaba su casa. Se volvió loca. El martes a las ocho
de la tarde y ante la vidriosa mirada de su amante,
se lanzó por la ventana. Como no era su intención matarse
quedó suspendida en el aire. Lo único que cayó a la
calle fueron tres lágrimas. Él se levantó del suelo y desapareció
tras la puerta.
Al entrar en su casa vacía, la sangre empezó a correrle
entre los muslos. Con esa misma sangre cubrió las paredes y
todos los muebles que la rodeaban. Después se tumbó en el
mismo suelo que él había abandonado.
Cuando llamaron a la puerta ella ya se había ido.
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Caminar por la Orilla
Mariano Girón
Camino por la orilla.
El sol me da en la cara.
Encuentro estrellas caídas hace mucho tiempo
y que nadie ha recogido,
conchas vacías
que hablan de bosques olvidados
donde nunca llega la luz de la luna,
pétalos azules de algas
deshojadas por una sirena enamorada.
Por eso ahora no pienso en cosas serias,
cosas de ciudades lejanas,
ciudades habitadas por hombres grises,
pasos de cebra,
semáforos en ámbar.
Camino por la orilla.
El sol me da en la cara
El viento trae el olor de la sal,
del vino que reposa en ánforas de barro.
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Hombres de Polvo y Paja
Lilian Flores
He tenido muchos hombres en mi vida. Algunos los he tenido
sin querer, otros queriendolos mucho! Hubo veces que aunque queriendolos hasta
desangrarme nunca pudieron ser mios...por algo sera.
Los hombres de polvo,los hombres que ven la mujer como un
polvo, nos dejan hechas polvo y nos tratan como tal.... de
manera superficial. El polvo es algo que se deposita y que
uno intenta quitar de encima cuando esta harta de el. Esos
hombres nos reducen a una lamina, a algo plano, sin matices...como
una veladura. Huyo de esos hombres que alimentan mi ego con
un unico proposito, desprenderme de el cuando hayan obtenido lo que
querian de mi. Esos hombres que te hacen transitar el vuelo,
el cielo y las estrellas...y cuando se van dejan detras de
si la noche con su soledad. Me niego a ser presa
de esas dulces redes tejidas entre copas, entre cosas dichas por
decir, entre luces de vertigo. Me niego a ser reina por
una noche. Me niego a tener vasallos. Me niego a ser descartable. Me niego...
Los hombres pequeñitos de los pasteles de boda. Los hombres que
no saben volar y necesitan de nuestras alas. Los hombres que
prefieren sufrir la compañia de una mujer que disfrutar de su
soledad. Los hombres hechos de polvo de estrellas. Los hombres de
paja que se hacen humo. Esos hombres no son buenos para
ninguna mujer. Eso es lo que algunas mujeres no sabemos todavia.
Cualquiera de nosotras con nuestra integridad sana es capaz de desarmarlos
y reducirlos a nada, a polvo, a paja, a lo que
siempre fueron y nunca se reconocieron. A lo que son en
realidad. Esos hombres que abundan y son mayoria. Esos hombres que
detentan el poder y hacen usufructo de el. Esos hombres que
sienten la mujer como un trofeo o como un coche, que
tienen que cambiar cada dos años. Esos hombres que se niegan
a envejecer y andan robando la juventud de musas de cafe
con leche, pensando que les llegara por contagio. Tantos hombres y
tan pocos de verdad. Tantos y tan parecidos. Tantos y ninguno.
Mi reino por un HOMBRE QUE SEPA VOLAR CON SUS ALAS DE METAL.
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Bob, El Escarabajo Pelotero Que Quería Morir: Capitulo IV: Los Cayos de Bob
Aída Márquez
"por algo tenía que empezar todo, y todo empieza por aquí"
Bailaron tanto Bob, y su perfecta bailarina, que le salieron cayos
en la planta de las patas. Ya no le pinchaban los
cristales, y perdió el paso. Se tropezaba con su sueño soñado
y ahora que la veía cierta la pegaba pisotones por la
costumbre de bailar, y lo peor de todo es que no
sentía los pisotones, porque tenía cayos en la planta de las
patas. Ella, claro, se cansó y desapareció con su música, y
él volvió a caer colina abajo, esta vez por la otra
ladera, esta vez a la cuna de cortinas.
Bob no sabe bien donde está, y lo peor es que
no sabe si conoce lo que quiere, o sólo es un
sueño. Aún si fuera un sueño, puede que no sea tan
malo. Cortinas teñidas de azul hasta hoy han cubierto su cuna,
de fiesta y del verde de tus ojos, se cubrirán al triunfar.
Todo lo que he hecho ha sido soñar, pensó Bob. Todo
lo que he hecho ha sido soñar.
Miró a su alrededor. Luces color azul, camas de agua, edredón
de la mejor telaraña... ¡la mejor telaraña! Estaba en casa de
la araña Maraña. Por un lado se alegraba, era su amiga,
pero por otro lado... ¡era su amiga! tenía muy claro que
cualquiera que fuera su amigo no era de fiar. No sabía
porqué, pero lo tenía claro.
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