Enero de 2006

Recomenzamos en el 2006 la publicación de la revista N'Clave que lleva ya 3 años de andadura, pero a partir de este mes pierde su carácter quincenal para ser mensual debido a la dificultad de mantener al día estas páginas en períodos de alta actividad.
Si deseas publicar algo en ella, no dudes en ponerte en contacto con Clave53

Navidad
Susana Recover

Este es el tiempo sin agujas
el tiempo circular y loco de estrellas
el de calle y noche
y ruidos y música
y niños que esperan...
Es el tiempo en el que tu corazón aprendió a mirar
y se queda en silencio y sueña
Sueña e imagina otro tiempo
El tiempo de mi propio corazón colmado por tu cuerpo.
Respiras
Susana Recover

Respiras como un reptil moribundo
que parece ahogarse en la boca del río
Soñando pantanos
Muriendo de recuerdos

Respiras
y cada respiro es un golpe de aire
que parece que va a ser el último
pero no

Tu piel toma el color fangoso y brillante
de las algas del pantano
Entre mis dedos se escurre y vuelve
Y pareces también un hermoso delfín
que fantasea con sonreír
y me engaña de nuevo con otro golpe de aire
pero esta vez, de vida

Mi propio aliento mide la circunferencia de tu cuello
y el espacio que hay entre la punta de tu zapatilla deportiva y la mía
Entonces la distancia entre mi corazón y tu cuerpo
se diluye hasta desaparecer por completo.
Diferido
Clarisa Vitantonio

cruzar la calle tras el cordón policial
panfletos fuego pancartas
radical te llaman
vandalismo sus actos

no tengo prisa
veo las cosas en diferido

jóvenes desahuciados exclaman
muros levantan y caen
deportaciones masivas a no se sabe dónde
reducción de personal
jubilación paradisíaca
deglutir la virtualidad
viento que remonta el vuelo
pasa arrasando la mansedumbre
agito el gallinero y
el dueño preocupado
organiza el matadero

no tengo prisa
no tengo destino
mi sofá es cómodo
el directo me sonroja

incendio en las puertas de la
ciudad
pocos quedan y con llave sus casas
ya no hay niños
ya no hay trabajadores
ya no tengo pensión
ni café para la jornada
Paseo
Clarisa Vitantonio

correntada vierte sobre el maizal
el aire húmedo de la rambla costea
los cabellos engrasados de aromas
otoñales
barcos paisajes marrones que desembocan
en otro caudal que gira gira gira
ruidos de tacos galopando y la raíz
no deja de crecer
el sol cae tras las islas y los pescadores amarran
redes
otro día vendrá
otro día vendrá
sin domingo sin descanso sin jornal
las capelinas asoman en las barras y
los bigotes se mojan en la espuma
tapas en el Sutherland
aprender a guardar cometas para el próximo
paseo
traje planchado sin arrugar
horquillas alineadas
absorber el horizonte desde la barranca
niños manos abuelos manos
manos secas moviendo la manivela
de la fabrica de seres
Todo me empuja
Clarisa Vitantonio

¿Qué hacemos hoy?
¿Salimos a ver el sol?, le preguntó
no me apetece
que tal una película en casa
la tuya o la mía respondió
no se da igual
¿Te levantas temprano?
seguro contestó, es que hay
tanto que cambiar después de romper
Bob, El Escarabajo Pelotero Que Quería Morir: Capitulo V: Lápidas Que Celebran Fiestas Rodean La Cuna De Las Cortinas
Aída Márquez

La araña maraña, antes de quedarse sin hocico era una piraña. La araña maraña. Si en los jardines sin podar hubiera tiburones, la araña maraña sería el peor. La araña maraña...

¿Qué hacer? La puerta daba al pasillo, y el pasillo a una de sus hermanas. Cualquiera de ellas provocaba urticaria y miopía voluntaria. Cualquiera de ellas era una maldición.

Miró por la ventana, y era peor aún, daba al bosque de los estropajos usados. Ya había pasado por allí, y no quería volver por ahora, hasta aclarar todo. Aún así, se quedó unos minutos absorto y pensó que no sólo ahora, sino en lo sucesivo, huir no iba a ser una buena idea así que metió la cara en el congelador para vodka para refrescarse , y caminó hasta la araña maraña.

Estaba allí sentada, ojeando una novela de Dorothy Parker, con su cigarrillo y su risa irónica. Bob la miró, y por un momento la admiró. Creyó ver a través de ella lucidez y dolor. Ahí sentada, sonriendo y haciéndose amiga de Dorothy Parker.

Pero todo aquello desapareció cuando le llamó pendejo, y le instó, mientras mascaba chicle, a pagar su alojamiento. ¡Vieja gorda! Estaba desconcertado. Cómo podía cambiar tanto lo que estaba viendo de un momento a otro¿cómo? Así que mientras la vieja refunfuñaba, él siguió mirándola fijamente, y consiguió ver a la criatura que hacía un momento admiraba. Su dureza que no-rudeza, su sentido del humor, no-socarronería. Incluso su dulzura.

-¡eh!¿Que no te has despertado aún?

Todo se volvió a nublar pero pensó que por eso era su amiga, porque si la miraba mucho rato sin cerrar los ojos, conseguía ver algo fascinante.

Pagó, después de una larga e intrigante conversacion que ahora no viene al caso, y decidió hacer algo. Decidió comprobar si aquello era cierto con sus amigos y pasado un tiempo, decidió que su único amigo era él. Así que decidió ir él sólo, que por otro lado era lo que siempre había hecho, a buscar a la mantis religiosa.

Miró al horizonte que qué remedio, tenía delante, y de tanto fijar la vista, le empezaron a llorar los ojos. Oyó aplausos, gente vitoreando. Consiguió enfocar la mirada, y se dio cuenta de que estaba en una pantalla de cine. Un montón de bichos le aplaudían emocionados y le daban ánimos para que luchara por el amor de la mantis.

De un salto, salió de la pantalla, y a su lado encontró a la Araña Maraña, que le dio la enhorabuena por haber superado el efecto del veneno.¿no era una pócima?, dijo Bob. No-dijo Maraña-querer quedarte dentro de esa pantalla, es un veneno.

-una cosa más, Bob.

-qué.

-sabes lo que hacen las mantis , ¿verdad?.

-no-dijo Bob.

Se acercó a él y le dijo al oído algo. Bob miró al frente, y dijo en alto para todos los bichos que estaban allí.

-¡pues moriré por amor!

Un aplauso monumental le arropó en los primeros metros de su camino. Ahora quedaba lo más importante.

Lo que Maraña le había explicado al oído a Bob, era que las Mantis Religiosas devoran a sus amantes cosa que, por otro lado, todo el mundo sabía porque es de cultura general en bichilandia, pero Bob no tiene demasiada cultura general.

Aunque no venga al caso , es interesante resaltar que el momento en el que Bob salió de la pantalla que proyectaba sus propios sueño , se inventó el teatro en el mundo de Bob. Antes, sólo existía el cine.

Te vendo mi vida
Toni Cárdenas

Sí, te la vendo.
No quiero que te suene a broma o a juego de palabras. No lo es.
Temo que tú aún creas que sólo se puede pagar con dinero. De todos modos piensa lo siguiente: tú vives en otro tiempo que no es esta noche, seguramente, ni siquiera esta semana, estás, desde el comienzo de este texto, inexorablemente apartado de mí... o tal vez no del todo.
Lo que sí me veo obligado a pedirte es un poco de tu tiempo. Sí, lo sé, es mucho más valioso que el dinero, pero fíjate que, de nuevo, yo no puedo atesorar ése tiempo y, igual si lo lees o no, este tiempo mío ya lo he gastado, y ni a ti ni a nadie le será dado –será mío para siempre-.
Sin embargo, te quiero proponer algo, para que esta palabra que yo escribo ahora y también tú lees ahora, nos sirva de puente, para que este tiempo que cedemos ambos libremente pueda multiplicarse y florecer, más allá de sus límites convencionales.
Los dos estamos en estas líneas especulares: tú, que acabas de leer que también yo estoy, precisamente en la palabra que acabas de leer – qué tontería pensar que los dos hemos sujetado suavemente el mismo picaporte, o nos desnudamos asexuados, separados por el tiempo, en el mismo baño -; y yo, que no te conozco, a lo sumo conozco a tus padres de ahora, o a una joven de una foto que enseñas diciendo “esta soy yo cuando era joven”, pero no te conozco a ti, a la que ha vivido todos estos años, minuto a minuto, tal vez, alguna de entre ésa inmensidad compartido con el que yo voy a ser, al que, por otro lado, ni yo mismo conozco.
Por todo este enjambre de palabras revoloteando, que no hace más que unir tu mirada y mi mirada, tu minuto y mi minuto, te he vendido este pedazo de noche, he comprado a ciegas un pedazo de tu tiempo. Un pequeño trueque.
Me gustaría pedirte una última cosa, y es que me avises si lees este texto, para que así también yo pueda volver y encontrarte aquí, y saber que esta habitación, en esta noche, está cada vez más llena, aunque igual de silenciosa y fría.

Un beso.